
No de la emoción vive mi angustia,
no de la ácida catarsis de la culpa,
no de la amarga definición de la palabra,
no de la enorme levedad del pensamiento.
No vive prisionera de las voces
que narran la leyenda del fracaso,
que anulan con su ritmo la conciencia.
Vive de saber que nada es cierto
si no se vive dos veces,
vive de la insufrible liviandad
de lo que expongo
como el árbol del bosque
se expone al fuego.
no de la ácida catarsis de la culpa,
no de la amarga definición de la palabra,
no de la enorme levedad del pensamiento.
No vive prisionera de las voces
que narran la leyenda del fracaso,
que anulan con su ritmo la conciencia.
Vive de saber que nada es cierto
si no se vive dos veces,
vive de la insufrible liviandad
de lo que expongo
como el árbol del bosque
se expone al fuego.

Reventar calles,